Ayer decidí no ser un cobarde. Resulta que al final de la clase de francés, a varios de mis compañeros se les ocurrió ir a tomar una cervecita prefallera, y me decidí a ir. No tanto quizás porque me apeteciera, sino más bien por no dejarles down otra vez, después de mi espantada trapera de la semana pasada. Obsérvese mi performance autista:
-Bueno, ¿dónde vamos a cenar?
-Haced lo que queráis, yo me voy a mi casa.
-...(comentarios ininteligibles, cacofonías callejeras que no llegué a descifrar, puesto que ya me había girado y alejado cincuenta metros de ellos, trotando cual yegua excitada y rezando para que no me siguieran).
Sí, soy un cobarde. Me da miedo intimar, me da miedo fraternizar demasiado, me da miedo la gente. Qué te voy a contar de mi neofobia que no sepas ya...lo de mi carácter agrio y lacónico es otra historia. Un aderezo, si quieres.
El caso es que, al final, resultó una reunión (breve pero intensa, como todo en lo que yo participo) de lo más distendida y simpática. Y eso que yo era el más joven de la mesa y, por cierto, el único que prefirió una Fanta de naranja a una cerveza. Aguanté estoico las risas al respecto.
Así que HOY me siento MUY orgulloso de moi même: ahí estaba yo, el raro, el irónico, el asocial, el polarizado y polarizante YO, rodeado de cuasidesconocidos que reían, disfrutaban y compartían. Y no me sentí desplazado ni incómodo en ningún momento. Incluso me llevé un piropo estupendo de mis chicos, que ya guardo con recelo en mi imaginada cajita de regalos etéreos: inteligente.
Erección de moral y confianza, como podrás imaginar. A la próxima cena me apunto.
Y esta tarde salida de las de siempre con dos de mis clásicas: Séverine y Encarna. Expectante estoy por saber cómo se desarrollará la tarde.
PD: No sabrás por casualidad por qué los acentos circunflejos no se ven bien en esta página cuando escribes en cursiva, ¿verdad? hôpital, même, tête...en fin.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados