De nuevo 14 de marzo. Y en el reloj de antaño, como de año en año, que cantaban aquéllos, llego a la puerta de entrada de ese gran espectáculo de anarquía callejera que son las fallas.
Mira que nunca he sido un defensor de esta fiesta, y sí de mi derecho a vivir una vida tranquila, gris y polucionada desde el 1 de marzo hasta el día de hoy; pero a estas horas de la noche uno ya desiste, no se sabe bien si por desidia, por agotamiento o por impotencia, de todas esas reivindicaciones tan poco cool para el mundo fallero. O dicho de otro modo, que hay que claudicar. O si quieres una tercera forma de decirlo: si no puedes detruir a tu enemigo, cohabita con él. Y he dicho cohabita, darling.
En estos catorce días he sufrido ya todo tipo de atascos, corte de calles, verbenas de segunda, ruidos, guerilla pirotécnica, cónclaves vecinales...chico, estoy agotado. Que hagan lo que quieran, que disfruten, que molesten, que ensucien, que coman paella y desfilen envueltos en espolines, que frían buñuelos y quemen monumentos. Es su fiesta.
Y yo, a disfrutar...bueno, en realidad no voy a disfrutar mucho, porque me horroriza la calle y sus habitantes, y más en estas circunstancias, pero sí me dedicaré a empaparme de información falleril vía Canal 9. Verdad verdadera: que si la ofrenda, que si los premios, que si la cremà, que si el cotilleo...oissss, no sé cómo ni por qué, pero el marujo valenciano que llevo dentro aflora cada marzo. Y cuánto se echa de menos Valencia TeVe en esta época, mecachis la porra.
Soñodor, Lexatin, Orfidal, Valeriana, tapones, literatura, nada de sexo y Canal 9: mi destino durante los próximoscinco días. Viviré las fallas à la distance, con esa resignación tan estupenda que siempre me ha caracterizado.
Sí, estoy dispuesto, un año más, a sacrificarme...ya sabes, tot siga per la festa. Pero que conste en acta que YO sigo en mis trece: la cuestión está en saber claudicar a tiempo.